La Felicidad 

 “Esa conocida tan desconocida”. La palabra felicidad está muy manoseada en los tiempos que corren y se confunde a menudo con un estado emocional de “disfrute y de pasarlo bien”. La felicidad cuanto más se busca más se oculta. Todos deberíamos aprender a ser más felices y para ello es sumamente importante conciliar primero con nosotros mismos, y por otro lado armonizar con las adversidades de la vida. Generalmente, la mayoría buscamos la felicidad compulsivamente, deberíamos aceptar y amigar más con lo inevitable y abrazar sin apego lo grato, pero también abrazar lo ingrato que nos genera rechazo y aversión, es decir, ir adquiriendo una actitud más ecuánime ante las contrariedades de la vida.

 

Al igual que la depresión puede ser por causas exógenas o endógenas, la felicidad puede venir de acontecimientos externos, pero también emana de nuestra serenidad interior. La felicidad más estable, fiable, reveladora, transformativa y liberatoria es la que surge de nuestra actitud interior, de sentirnos completos, conciliados y satisfechos con nosotros mismos, también es muy importante saber vivir nuestros deseos genuinos con lucidez y sin represión.

 

Cuando la felicidad proviene del exterior, somos como una hoja a merced del viento supeditados a las expectativas, al cambio, a los gustos y disgustos, en suma, dependemos de la gran prestidigitadora “maya, ilusión, expectativas” así es como la llaman los antiguos yoguis de la India. Sin embargo, cuando surge de nuestra dicha interior nos sentimos más plenos y en armonía, por tanto ganamos en fortaleza interior y conciliamos mejor con nosotros mismos y con los demás. De la dicha Interior obtenemos otra visión más cabal y más profunda de la realidad; somos seres más agradecidos y valoraremos todo con mayor alcance y gratitud; nos establecemos en otra dimensión de consciencia con más libertad Interior y se viven las experiencias desde la ecuanimidad, obteniendo enseñanzas de las dificultades y saliendo fortalecidos de ellas,  tanto de lo que logramos, como de lo que superamos en la vida.

La auténtica felicidad es la dicha Interior; el otro tipo de felicidad es diversión y entretenimiento, que por supuesto, está muy bien, pero no nos aporta Libertad Interior. Para ir conciliando con la “auténtica felicidad” es importante ser soberano de lo que pensamos, sentimos, decimos y hacemos; y no dejarnos influir por expectativas triunfalistas. En la vida, todos deberíamos de fluir al igual que lo hace el riachuelo de agua clara y cristalina.

 

“Que todos los seres sean felices y dichosos”

Luis Naharro Profesor de Yoga, Yogaterapia y Meditación